Por encima de los números… Seamos honestos

La honestidad es la mejor política” (Benjamin Franklin)

Si algo he aprendido es que ser honesto te recompensa. Y esta recompensa no siempre es en forma material, sino como reconocimiento por parte de los demás aunque no lo busques y también, la mayoría de las veces, con la satisfacción personal y la tranquilidad de conciencia.

HONESTIDAD

En una dilatada carrera en el mundo comercial me he encontrado muchas veces ante la tesitura de vender o no vender, y  explico el por qué digo esto.

Cualquiera que sea o haya sido comercial se ha encontrado alguna vez (o muchas) en el dilema de encajar su producto, aunque sea con calzador, a un posible cliente aunque este no lo necesite o aconsejarle incluso que no lo compre porque, efectivamente, no lo necesita.

Yo he procurado siempre ponerme en su lugar, en el lugar de ese cliente que, posiblemente, está dispuesto a comprar si se lo aconsejo, porque confía en mí, en mi profesionalidad. Esto supone un gran compromiso que va más allá de la venta, de los números. Se trata de un compromiso de confianza por parte del cliente hacia mí como profesional y, por supuesto, un compromiso conmigo mismo de no traicionar esa confianza.

Por eso, cuando se me han dado estas situaciones, siempre he procurado ser consecuente y, por tanto, no traicionar esa confianza y hablar claro, y decirle a esa persona que, en ese momento, en esas circunstancias concretas mi producto no es lo que necesita y, si puedo, comentarle mi opinión sobre lo que realmente solucionaría su necesidad.

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Sé que esto va en contra de muchas técnicas de ventas pero, al salir de esa reunión me siento bien, y sé que el cliente también y que, cuando necesite cualquier cosa, volverá a llamarme y eso para mí es lo importante.

Esta actitud me ha llevado, en ocasiones, a rechazar empleos por el simple hecho de no estar convencido del producto, por muy buenas que fueran las condiciones económicas que en algunos casos eran más que atractivas… Pero haber aceptado hubiera supuesto contradecirme, plantearme continuamente el dilema y, por tanto, no estar a gusto con mi labor. Por supuesto habría supuesto el desastre en cuanto a las ventas para la empresa y, siguiendo con mi política, no me puedo comprometer con algo en lo que no creo.

Ya lo he comentado anteriormente, en el mundo del marketing (en sus diferentes disciplinas) encontramos muchos ejemplos de esa falta o, cuando menos, bajos niveles de honestidad, de intentar vender todo a todos, aunque no lo necesiten, vender una solución más cara, enfocada a los números, en vez de otra más económica e igual de eficaz enfocada a la satisfacción de nuestro cliente EN TODOS LOS ASPECTOS, tanto en el práctico como en el económico. Evidentemente no son todos los que se dedican a esto del marketing pero, como las brujas, haberlos los hay.

Tengo algunos en mente que, por supuesto, no nombraré y a lo mejor algunos se dan por aludidos. A estos les invito a recordar el sabio refranero español:  “Quién se pica… Ajos come”, ellos sabrán por qué.

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 Yo no quiero ser así y aunque, a estas alturas de la película, no creo que cambie si notáis que lo hago os agradecería me lo dijerais para corregir el rumbo y volver al camino por el que he transitado toda mi vida profesional.

Y a vosotros ¿Se os han planteado estos “dilemas”?¿Cómo los habéis resuelto? ¿Se te ocurre algún “ejemplo” de esos a los que me refiero?

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